Tragedia griega

Recuerdo haber leído un párrafo de Julio Godio en un relato del día del encontronazo entre JP-Montoneros y Perón, aquel nefasto 1° de mayo de 1974; en él describía el escenario como el cuadro de una tragedia griega en donde los actores veían que el final sería trágico, pero ya no podían detenerse.

La asignación racional de sentido de los actos humanos siempre es a posteriori de lo actuado. En el caso de los fenómenos sociales esa asignación de sentido queda para la heurística histórica.

Tal vez –con las diferencias del caso, tanto epocales como de contexto- estemos viviendo un momento similar en tanto lo que se dirime es el liderazgo social de un movimiento político de masas.

Resalto la anotación con referencia aleatoria y concomitancia temporal: TAL VEZ; el futuro es contingente y el desarrollo factual tiene sus tiempos y laberintos.

Para todos los populismos –en todo tiempo y lugar- el cambio de liderazgo es un momento traumático, al punto que el mismo Perón dejó para la posteridad aquella frase final: “Mi único heredero es el Pueblo”. Comprendo y humildemente traduzco yo: “que de la evolución y la dinámica social emerja el nuevo liderazgo… si es que tiene que haber alguno”.

Paralelamente nada de lo anterior nos exime –como militantes políticos- de la obligación de tomar posición, de decidir, a menos que nos bajemos del sistema político y sigamos nuestra vida fingiendo demencia –como se dice ahora- ya que no podemos fingir ignorancia.

Como siempre ocurre por acá abajo, ese proceso de toma de decisión estará afectado por una gran incertidumbre, por una marcada falta de información sobre las complejas variables en juego –ideológicas, personales, económicas, etc., etc.- multiplicadas por el número y variedad de actores participantes, cuestión que en general terminan en atar esa decisión a un acto de “profesión de fe”; lo que no debería molestarnos más de la cuenta, si es que nos definimos y aceptamos ser parte de una formación política populista (en el sentido de Laclau pero también de Sampay).

Sin embargo, no deberíamos olvidar que si planteamos la cuestión como dilemática estamos ante el escenario de tragedia griega. Por un lado, los dilemas no tienen solución sin la anulación de una de las proposiciones contradictorias y por otro, las cuestiones de fe no son discutibles.

En estas condiciones y teniendo en cuenta que el peronismo ha sido la única opción de proyecto nacional que incluya a todos los habitantes del país y no solamente a una porción de ellos y atento a que ésta ha sido siempre su función social, su razón de ser, sería realmente una tragedia social y humana, que los dirigentes y la militancia perdieran de vista ésta que es una cuestión –si me permiten- ontológica de su existencia.

En este orden de cosas es preciso reconocer que lo formal siempre ha sido secundario en nuestras formas de organización. Perón nos decía que para conducir hay que persuadir, sin embargo, sabemos que nunca dejó de lado su poder decisorio cuando la persuasión no alcanzó, de hecho, el bastón de mariscal es un símbolo de ese poder que termina todo debate cuando se exhibe y el bastón de verdad lo tenía él.

Nada nuevo, en nuestro ADN cultural la organización vertical es la regla y también lo es de la organización capitalista que constituye el sistema social en el que vivimos. Los cabildos abiertos se terminaron con la colonia. El mismo Rousseau concedía que la democracia directa sólo es posible en grupos pequeños.

Pero –más o menos- desde mitad del SXX esa verticalidad es puesta en tensión a partir de la difusión y facilidad de acceso a la información por parte de todo aquel que quiera emprender ese camino: “el que sabe, sabe y, el que no es jefe” dice el refrán. Esto exacerba la necesidad de exhibición del poder y por ende lo pone en riesgo para todo rol de conducción.

Pero, además, en un contexto epocal de caída de absolutos que se viene macerando desde hace décadas, las condiciones o características de legitimidad cobran muchísima más importancia que las condiciones de legalidad, aunque éstas no puedan dejarse de lado.

Es decir, un escenario que nos muestra la situación paradojal de tener que ejercer el poder sin mostrarlo, basándose en la legitimidad de su posesión, sin olvidar la legalidad y con un ojo puesto en las nuevas gramáticas sociales en circulación. ¿Estarán en ese nivel de análisis complejo los actores? TAL VEZ

En estas condiciones, la posibilidad de asumir con honestidad ética e intelectual nuestra responsabilidad política, en nuestro metro cuadrado –sin presumir que deba ser la misma en todos los territorios de nuestro inmenso país- consiste en exigirnos en saber calibrar lo que atañe a la función social de rango nacional a la que antes aludimos y cómo aportamos en la localía, aunque “prima facie” parezcan cuestiones o decisiones contradictorias.

Con estas reflexiones y apoyado en la lógica de la diferencia en contraposición a la mentada unidad, es decir, la necesidad de –despejar la paja del trigo- de explicitar cuáles son las cosas que diferencian el imaginario peronista del colonialismo exacerbado que campea por estos lares o de los intereses personales, sectoriales o electorales nimios y exclusivamente especulativos, como condición de posibilidad de la existencia real de un movimiento nacional y popular, se me ocurre posible buscar en los argumentos ¿cuáles son los de fondo, los medulares?

En este sentido creo que es necesario buscar nuevas canciones a partir de y, revitalizando las, viejas armonías y también es necesario identificar quiénes y porqué –con qué compromisos-se acercan a entonarlas.

En términos políticos, si no hay diferencias en los imaginarios, las diferencias están en los modos de construcción política, en las formas organizativas y en los modos de gestionarlas, cuestión que no es fácil de resolver: Institucionalidad, Historia y Sentidos Sociales condicionan nuestras acciones y obviamente el camino a seguir.

Globalmente se constata que las formas políticas heredadas tanto del liberalismo como del leninismo (partidos y estructuras verticales) son resistidas por amplios sectores sociales, lo que abre las puertas a los aventureros fascistoides en el seno del descontento social. En nuestro país, en particular, ya estamos viviendo la tragedia. El Armagedón ya llegó, aunque pueda pasar desapercibido por una parte de la sociedad.

Los que clara y explícitamente vean y estén en contra de ese estado de cosas, no tendrán más remedio que subirse al mismo bote, TAL VEZ, por esta vez, obviando los detalles de las formas para evitar un final de Tragedia Griega.

AUTOR: Norberto Rossell