The morning show, el periodista estrella, testimonios de violencia sexual y una apostilla
Los medios crean mundos. El periodista estrella y el silencio cómplice
Pocos días antes de que estallara en las redes el caso del periodista Pedro Brieger en una de esas sincronías que suelen llamarme la atención y que atraviesan mi biografía, pude ver, luego de mucho tiempo de no tener acceso a una plataforma donde encontrarla, la serie The morning show. La ficción de 2019 está construida en torno de un caso paradojalmente similar al que conocimos recientemente en nuestro país, dado a conocer públicamente por el colectivo Periodistas Argentinas (PA): un periodista estrella que, durante décadas, acosó y abusó de colegas de menor rango (productoras, movileras, periodistas, jóvenes todas) quienes vieron truncas sus trayectorias laborales e incluso, una de ellas, sumida en una profunda depresión, terminó con su vida dando fin así a un proceso atormentador de años. Con múltiples referencias narrativas a los efectos del #MeToo en Hollywood y el movimiento feminista estadounidense, la serie enfatiza sobre dos puntos: por un lado, la diferencia entre los diferentes tipos de violencias sexuales (no es lo mismo una violación que un acoso) y por esto la sutileza de las agresiones y los diferentes grados de daño emocional infligido. Por el otro, la cadena de silencios imprescindible para que esto último pueda ser llevado a cabo en el tiempo. Efectivamente, el agresor no solamente contó con todo un sistema de protección (dueños y socios del medio donde trabajaba, colegas varones, compañeros de trabajo, productores y periodistas) sino que la misma co-conductora, su compañera histórica de programa, fue parte necesaria del pacto cómplice de silencios que lo sostuvo, hacia fuera frente al público y hacia dentro, lo más grave, al interior del equipo de trabajo donde los acosos y abusos se desarrollaron. Todo esto lo permitió sostenerse en un lugar de privilegio, fama y poder inalterable mientras que las vidas de las jóvenes acosadas iban siendo lesionadas en mayor o menor medida sin que nadie hiciera nada para impedirlo. En este sentido, la serie, no sólo muestra a cabalidad las características del abusador, sino que con destreza da cuenta de sus cómplices, aquellas personas que con su silencio le permiten los acosos y abusos y al protegerlo perpetúan relaciones laborales intergenéricas que habilitan la cosificación de las mujeres y la desigualdad de poder entre los géneros: ser varón otorga una posición privilegiada solamente por serlo y eso implica per se mayor poder.
Pedro Brieger. Los testimonios de acoso y abuso. El colectivo Periodistas Argentinas
La primera en decir fue Agustina Kämpfer en 2010 pero su mensaje fue pasado por alto. El feminismo no había aún llegado a los estudios de televisión y declarar que Pedro Brieger, periodista ya muy reconocido, era “un acosador” no fue multiplicado. El poder del pacto de varones pudo más que la autorreferencialidad de la tele. La respuesta a un tuit, catorce años después, sirvió para que otro periodista investigara. Ahora sí, con otras condiciones histórico-sociales, los feminismos como respaldo, varios hitos de antecedente y algunos umbrales de decibilidad desplazados, la memoria se resquebrajó, el silencio encontró las voces para decir y la escucha aturdió.

A principios de julio, cobijadas por el colectivo Periodistas Argentinas (PA), diecinueve mujeres de diferentes edades y que tuvieron con Pedro Brieger relaciones diversas (alumnas, colegas de trabajo, vecinas) relataron las experiencias de acoso y abuso sexual a las que las sometió, en los distintos ámbitos en los que las frecuentaba (académicos, laborales, personales). En el documento público que juntas escribieron y expusieron en el Senado de la Nación, pusieron especial énfasis en las “responsabilidades institucionales de medios públicos y privados, instituciones académicas públicas y privadas y todos y cada uno de los contextos y personas que silenciaron y naturalizaron estas violencias” a lo largo del tiempo. Uno de los testimonios de una periodista agredida muestra con claridad algunas de las conductas del entorno:
“Era redactora del noticiero nocturno y de Visión 7 Internacional. Tenía con él una relación amable, hasta que un día, estando sola en control, él entró y se colocó detrás de la silla en la que estaba sentada. Estaba trabajando, cuando siento que me agarra el cuello y luego mete la mano por adentro de mi pullover y comienza a tocarme. Sentí asco y humillación. Me levanté inmediatamente, fui a la redacción y se lo conté a mis compañeros, que como respuesta se rieron”.
Como en el caso de The morning show, durante décadas, el periodista estrella pudo sostener variadas prácticas de abuso porque éstas fueron minimizadas, causa de burla o risa, o directamente naturalizadas.
“Mientras esperábamos el inicio del evento sentados, de la nada, me susurró: `cómo te bajaría la bombachita y te pegaría en la cola´. Me quedé absolutamente paralizada, muda, sin saber qué hacer. Transcurrió toda la conferencia y no me moví. Luego hubo un cóctel, en el que me alejé de él todo lo posible, hasta que me dijo `¿nos vamos?´. Le dije que no, que me iba a quedar. Esperé un rato y salí mirando para todos lados, aterrada de que estuviera en la calle, o escondido en algún lado”.
El comunicado de PA pone de relieve que al sexualizar por asalto se produce un despojo de la dignidad de los vínculos establecidos previamente, sean estos de tipo laboral o académico. Es decir, quien enseña, cuida, guía, protege, de repente corre límites impensados haciendo un uso desproporcionado de su prestigio y su poder y vulnera nuestra confianza más íntima. “La reiteración deja en claro el estímulo que provoca la impunidad”, insiste el escrito de PA.
“Un día subí por el ascensor hasta la terraza para colgar la ropa. Él justo había entrado al edificio y subió conmigo. Enseguida me expresó que cada vez que me veía salir con mi bicicleta, le calentaba mi culo subiéndose al asiento. Luego, se abrió la bragueta del pantalón y sacó su pene. No supe qué hacer. Volví a mi casa asustada y helada, dejé el canasto y subí a la casa de unos vecinos a contarles lo que me había pasado. Ellos le tocaron la puerta, pero él no respondió. Mis vecinos me sugirieron que hiciera la denuncia. Cuando salí camino a la comisaría, me crucé con un policía de la calle y le pedí ayuda: `Es la palabra tuya contra la de él: ni te molestes”.
PA agrega: “¿Qué construye esa impunidad? El silencio y la inacción cómplice, pero sobre todo la combinación de esos factores con algo que lo potencia: el prestigio que construyen los premios, oportunidades y espacios de visibilidad pública que acumula la conducta abusadora”.
Cancelación. Castigo. Reparación
En The morning show, el periodista estrella es cancelado en todos los espacios por donde transita: trabajo, familia, amigos, redes, medios de comunicación. Debido a su enorme fama y extrema exposición pública debe, incluso, exilarse en una isla lejana y pequeña. Allí también es reconocido debido a la enorme penetración de las redes. Esto hace que no pueda siquiera salir de la casa donde habita. Durante meses hace un interesante proceso de introspección y reflexión sobre las prácticas violentas que llevó adelante por años. Mientras tanto, el estado de ostracismo, el aislamiento, la soledad, van deteriorando su salud psíquica. La cancelación va repercutiendo subjetivamente en él: primero para pensar y volver sobre lo hecho. Se arrepiente, comprende la gravedad de los hechos, entra en un estado de fuerte conmoción. Sin embargo, con el correr del tiempo no sabe qué hacer con su vida, lo que vendrá, el futuro. Está solo. La cancelación lo ha dejado absolutamente solo: sin trabajo, sin familia, sin afectos, sin red de contención de ningún tipo. Entiende que no alcanza con el arrepentimiento. Finalmente, ante un accidente que puede evitar maniobrando el volante, simplemente, se deja morir.
En estos días donde el caso Pedro Brieger ha sacudido fuertemente las redacciones y el movimiento feminista ha vuelto a cobrar visibilidad, la conversación sobre cofradía de varones, pacto de silencio, complicidad necesaria, cancelación, justicia patriarcal, se ha revitalizado entre nosotras.
El colectivo PA le reclamó a Brieger como medida de reparación que pida disculpas. En un video grabado, leyendo y arguyendo “ser otra persona” en la actualidad, alguien mejor gracias a un tratamiento psicológico, se hizo cargo de lo dicho por las testimoniantes pero encuadrando sus conductas como “no respetuosas” y “actos impropios”, nunca como violencia sexual, acoso o abuso. En un comunicado de prensa de respuesta, el colectivo PA valoró que el periodista pasara de negar y amenazar a reconocer públicamente los hechos y enfatizó que son las afectadas a quienes les corresponde pronunciarse sobre sus dichos y que lo harán si lo consideran oportuno y en los tiempos que requiere la elaboración personal y colectiva.
El debate sobre las formas de castigo y reparación sigue abierto. ¿Qué sucede con las instituciones, los ámbitos laborales, los grupos de trabajo, las complicidades, las coerciones reales y simbólicas que permiten las diferentes violencias? Seguimos teniendo un enorme problema no resuelto entre punitivismo, cambio posible y la vida después. Nuestras vidas pueden ser dañadas para siempre y de todos modos seguimos con ello a cuestas. ¿Cómo resolvemos colectivamente (políticamente) el después de la vida de los agresores? ¿Simbólica o materialmente qué exige la pena por estas violencias? ¿La respuesta que da The morning show canaliza esta pregunta? ¿Es la desaparición literal la reparación buscada? Sin dudas uno de los pendientes más importantes tiene que ver con la transformación de la justicia y sus cimientos mismos. La periodista feminista Claudia Korol sostiene que justicia no es punitivismo y agrega que no es castigar lo que nos interesa, sino defender nuestros cuerpos y vidas de las agresiones. Eso puede significar, cuando no hay otros modos, visibilizar a los violentos, para que no puedan gozar de la impunidad que les ofreció el sistema de justicia patriarcal y para que sus víctimas no vivan aterradas, para que no haya nuevas víctimas. Escuchar, acompañar, creer en nosotras mismas.
Apostilla: ¿Punto? Punto y aparte
La mañana del sábado 29 de junio, el programa Marca de Radio abrió con un editorial diferente al habitual de cada semana. El periodista Eduardo Aliverti, su conductor histórico, dedicó la apertura al tema Brieger dejando claro que los acosos y abusos habían sucedido, que la situación era un golpe estremecedor para el staff periodístico y la audiencia. Sostuvo que las luchas feministas permitieron denuncias que hasta hace poco habrían caído en el ninguneo. Agregó que el repudio era insoslayable y que quedaba antes de la amistad y del espíritu de cuerpo. Al finalizar, sentenció, para dar por cerrado el problema, que Brieger era apartado del equipo de trabajo hasta que “todas las cosas fueran debida y definitivamente esclarecidas. Punto”. Periodistas Argentinas tituló su comunicado “La cultura del acoso: punto y aparte”. A buenas entendedoras, pocas palabras.
Autora: Valeria Hasan

