Tecnologías feministas. Un modo de resistir

Dos investigadoras del CONICET escribieron el libro “Tecnologías feministas. Tramas para la resistencia desde el sur latinoamericano” en aquellos meses del 2023 en que se definía el destino de nuestro país para los próximos años. Editado por CLACSO, el libro fue para Natalia Fischetti y Andrea Torrano, especialistas en filosofía de la tecnología desde una perspectiva feminista, una apuesta de riesgo en un momento histórico en el que la derecha se radicalizaba y los feminismos eran ubicados como enemigos privilegiados en la disputa política. En este escenario, la tecnología se instalaba como un lugar de poder en el que pocos son protagonistas: varones, grandes magnates, líderes corporativos que definen las líneas de lo que se conoce como Tecnología con mayúscula.

En lo que sigue recuperamos la conversación sostenida con Natalia Fischetti, quien desarrolla su línea de investigación en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) del CONICET en Mendoza. Nos interesa conocer cómo pensaron este libro y qué desafíos han enfrentado desde que está en circulación.

VH-¿Por qué escribieron este libro, Natalia?

NF-Con Andrea Torrano, con quien investigamos desde hace muchos años en este tema, nos encontramos en el Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica. Ella trabaja en Córdoba, en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) y en la Universidad Nacional de Córdoba y yo trabajo acá, en el INCIHUSA. El Coloquio de Filosofía de la Técnica es un encuentro anual, federal, que tiene ya un montón de ediciones. En ese coloquio en 2016 en Córdoba nos reconocimos las dos hablando de temas feministas y nos dimos cuenta de que éramos las únicas con esa perspectiva en relación a la tecnología en ese evento. Nos pareció, entonces, que había una doble vacancia. Por un lado, una vacancia de los estudios feministas en la filosofía de la técnica; y por el otro, de los estudios sobre tecnología en los feminismos, que parecían no haberse ocupado demasiado del asunto en ese momento, aunque quizás sí en los últimos tiempos por este auge de la IA y el problema de los sesgos, por ejemplo.

Cuando comenzamos a indagar en estudios feministas de la tecnología empezamos a encontrar a borbotones, textos del norte, del norte anglosajón, que sí se ocupaban del tema. Me empecé a descargar artículos en inglés. Muchísimos materiales. Encontramos que ya desde los ´70, en Estados Unidos y en Europa había estudios. Entonces, comprendimos que, en realidad, no es que no había antecedentes, sino que estaban fuera del canon y que lo que debíamos hacer era traerlos para que entraran en un campo donde las mujeres fueron en general, expulsadas o invisibilizadas.

Nuestra primera idea fue armar un mapa que siguiera estas discusiones en el norte, ordenar esos debates. A medida que fuimos avanzando emergió la pregunta por nuestro sur. ¿Qué pasa en el sur donde las categorías son otras? Descartamos aquí la cartografía y empezamos a pensar en tramas. En nuestro sur no es que no hay reflexiones acerca de la tecnología, sino que están orientadas en otras direcciones. El libro refleja un poco ese tránsito que nosotras fuimos haciendo: arrancar con las discusiones del norte y tratar de llegar a posicionarnos en el sur y también convocando a otras y otros para que estas discusiones en el sur tengan lugar.

VH-¿Cuáles son esas tramas para las resistencias de nuestro sur? ¿Este libro se incorpora a esas tramas?

NF- Para llegar a lo de las tramas, nosotras como autoras e investigadoras teníamos que tomar un posicionamiento. Es decir, posicionarnos con respecto a la tecnología porque obviamente la tecnología ha generado muchos debates. Lo más común es pensar que es un instrumento que es neutral, que es meramente instrumental. Lo primero que hicimos fue corrernos de la palabra con mayúsculas, un poco el movimiento que hemos hecho en general las feministas en la academia. Entonces, ya no hablamos de “la Tecnología”, sino de las tecnologías y las técnicas y entender que la idea de tecnologías es mucho más amplia que la que se nos impone desde el norte global, ya que parece que la tecnología es Mark Zuckerberg y Elon Musk y que fuera de la IA no hay otra cosa. Nuestra vida está atravesada por tecnologías: los artefactos domésticos por ejemplo, y a ellos y los debates feministas que generan, les dedicamos un capítulo en el libro.

Ese posicionamiento respecto a qué son las tecnologías nos habilita a pensar tramas acerca de las técnicas y las tecnologías en el sur. La palabra trama la tomamos del tejido que es una técnica icónica del feminismo del sur que tiene que ver con la resistencia, con el encuentro, con la materialidad. En ese sentido, trabajamos también con los nuevos materialismos poshumanos porque una técnica como la del tejido involucra animales, plantas, tiene una importancia ontológica que cuestiona el antropocentrismo. La otra decisión que tomamos fue respecto a qué feminismos. porque lo que quisimos mostrar es que en el norte existen un montón de debates desde diferentes corrientes feministas y en momentos históricos distintos que nosotras historizamos en la investigación. En general, en el libro, en casi todos los capítulos van a encontrar la crítica a la posición liberal feminista. Nuestra discusión a través de las tramas tiene que ver con la maraña del patriarcado, el capitalismo, el colonialismo y el antropocentrismo, para tejer de otro modo nuestra relación con las tecnologías.

VH-Natalia, ¿quién es el público en el que pensaron como lector ideal?

NF- En principio era un trabajo para el campo de filosofía de la técnica, pero después fuimos pensando que teníamos un público más amplio que se interesa en los temas de la tecnología. Creemos que por el modo en que lo escribimos tiene una lectura de fácil acceso para quienes no son especialistas. Cualquier persona puede leerlo: gente de la universidad, de la academia, pero también gente interesada en el tema en general. Además, esta posibilidad que nos da Clacso de que se descargue gratuitamente es una genialidad porque permite ese acceso que hoy también está restringido porque los costos de los libros son prohibitivos, ¿no?  El libro ha tenido una gran llegada ya. Nos han escrito un montón. Hemos tenido entrevistas de Brasil, de México, una red de tecnología paraguaya tomó nuestros aportes como insumos para su propio libro. O sea, hay mucha gente trabajando estos temas a las que nuestro planteo le sirve para historizar y seguir. No agotamos el campo, pero sí, reunimos la dispersión y hacemos propuestas, como la noción de tecnologías mestizas, que tomamos del arte, que implica pensar las tecnologías más duras con las más blandas, lo ancestral con lo contemporáneo, lo digital con lo analógico. Y mostrar también ese cambio tan importante, donde Sandra Harding fue precursora con el deslizamiento de la noción de mujeres en la ciencia a la ciencia en el feminismo, y que nosotras trasladamos al corrimiento de “mujeres en tecnología” a “la tecnología en los feminismos”, un paso fundamental para salir de la discusión liberal de las tecnologías.

VH- En este contexto actual de derechas radicalizadas, ¿cómo impacta la noción de tecnologías feministas que da título al libro?, ¿qué son las tecnologías feministas para ustedes?

NF- El título fue toda una decisión. Nos jugamos. Y creo que estuvo muy bien, o sea, me parece que al mismo tiempo que hay un apriete de las derechas, también hay coaliciones y resistencias, y somos muchas pensando desde otros lugares, nos estamos vinculando de otros modos, y me parece que eso existe al margen de que los medios hegemónicos lo obturen como noticia. El libro se está entramando con otras redes y con otras discusiones.  Las tecnologías feministas están a favor de las mujeres y las personas LGBTIQ+ como protagonistas de la tecnología. Las tecnologías feministas son situadas, en contexto, son históricas, son encarnadas, están diseñadas, desarrolladas y utilizadas para favorecer la equidad de género y la justicia social. Además, están a favor de lxs trabajadores de tecnologías y no de los dueños de las corporaciones, están a favor de las comunidades indígenas y campesinas para resistir al extractivismo minero, por ejemplo. Por lo mismo, las tecnologías feministas deben ser públicas y estatales. No puede ser de otro modo. Son colectivas, comunitarias y justas. O al menos, ese es el horizonte. Las tecnologías feministas, al proponer estrategias para otros modos de habitar con las tecnologías, oponen resistencia a los embates neoliberales sobre los cuerpos y los territorios. Desde ese lugar plantean desafíos políticos. Aquí es donde nosotras planteamos un cuestionamiento a la estructura de exclusión, dominación y marginalización ligadas a las tecnologías en general y a la abstracción y el extractivismo de las tecnologías digitales. Lo más importante para nosotras no es pensar que no tiene que haber tecnología, porque la humanidad no puede pensarse sin las tecnologías, sino poner en cuestión esta tecnología que se catapulta a sí misma como la única posible. Y pensar otros modos de vinculación. Por eso también nuestra propuesta de retomar la tradición de los feminismos del sur y otras culturas que supongan pensar alternativas tecnológicas hacia el futuro, otros modos de vincularnos con las tecnologías a partir de ficciones feministas de una imaginación situada y encarnada: ir hacia atrás, el presente y hacia adelante.

Para descargar el libro, de forma gratuita 👉 https://www.clacso.org/tecnologias-feministas/

Por Valeria Hasan