Reflexiones sobre el discurso del presidente

Dejando de lado las presunciones sobre las motivaciones del presidente, dejando de lado alguno que otro número que no me convenció y por supuesto dejando de lado si CFK lo miró más o menos amistosamente, cuestiones que a mi juicio son menores.

En términos formales fue un buen discurso, en términos de marketing también estuvo bien con la presencia de personas de carne y hueso que representan la concreción de las políticas. En términos de la interna sobre la querella con la Cámpora habló de la inocencia de Cristina y la intención de proscribirla.

Yo prefiero poner la observación en otras cuestiones que a mi juicio son sistémicas de la política. Creo que la construcción de la comunicación discursiva adolece de un diagnóstico más ajustado para poder contestar el interrogante principal: ¿a quién hablamos?

Tenemos una sociedad partida por el medio 40% de pobreza. Tenemos un país geográfico-socialmente también partido por el medio: el eje urbano Mendoza, Córdoba, Santa Fé, Caba. Tenemos fuera de ese eje una realidad en el Norte y una realidad en el Sur. Y a eso tenemos que agregarle el “universo conourbano” como dice Saborido.

¿A quién le hablamos? En una sociedad dónde el 38% no mira los noticieros y al 68% no le interesa la política ¿cuántos habrán visto el discurso completo? ¿Cuántos entienden que el tema de la justicia es una cuestión esencial? (fue cuando se puso enérgico)

Obviamente, que si ese es el escenario, no es posible un discurso único que englobe esas heterogeneidades. Pero si hay un modo de comunicación y ese modo son las políticas concretas y ahí es dónde nuestro gobierno de un modo o de otro adhirió a la teoría del derrame, primero la Macro y luego el resto. En ese contexto está claro que a los oídos de muchos nada de lo hecho, por bueno que sea, alcanza.

¿Esto amerita decir que ha sido un mal gobierno?, por supuesto que no, pero habida cuenta de la debacle que nos dejó el macrismo, como mínimo le ha faltado energía, o al contrario de lo que el presidente defendió al principio de su discurso: su bonhomía y su “que no se enoje nadie” a mostrado hasta ahora ser inconducente.

Pero hay algo más que trasciende a la conducción tripartita del FdT y que no encontraron las vías de conducir, “DE CONDUCIR”, ese debate y es el futuro del peronismo y a falta de posibilidades o voluntad de crear las instancias necesarias decidieron hacerlo en las oficinas del enemigo -y utilizo este término teniendo perfectamente claro su conceptualización- los medios concentrados.

El futuro próximo no está todavía escrito. Veremos.

AUTOR: Norberto Rossell