Que bien estábamos cuando estábamos mal
En el inicio de la semana que se fue conocimos las candidaturas para las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias de los siete departamentos de Mendoza que desdoblaron sus comicios. En este marco, lo destacado, por lo menos para esta columna, es que todavía el peronismo no tiene definiciones concretas sobre candidaturas a la gobernación. Hasta aquí el único nombre que iría por adentro es el de Martín Hinojosa. La fecha límite para resolver este entuerto es el 22 de abril. Las PASO en los departamentos de San Rafael, Santa Rosa, Lavalle, La Paz, San Carlos, Maipú y Tunuyán, se concretarán el 30 de abril, por lo que sólo las tendencias en esos departamentos podrían servir como organizador de las candidaturas provinciales y nacionales.
Más allá de estas especulaciones, lo que parece inquietar a buena parte del campo nacional y popular mendocino es la caída estrepitosa del liderazgo y la épica de su dirigencia. Mientras el oficialismo afianza candidaturas, aún en medio de una fuerte discusión interna, la oposición sigue fragmentada y dispersa. Y podríamos arriesgar que opositores, aunque sea en denominación, no es lo que falta. Sin embargo, a casi ocho años del inicio del gobierno UCR-PRO, parece reinar una gigante incapacidad de unión y de organización. Tal vez por temor o especulación la épica peronista se presenta como parte del pasado o, en el peor de los casos, se ha convertido en un reel de instagram.
Mientras por abajo, y por fuera del aparato, aparecen con ímpetu algunas iniciativas, como la del abogado Alfredo Guevara, desde arriba y por dentro del aparato nada asoma. Las intrigas de palacio continúan a la orden del día. En este contexto, la militancia del ahora denominado Frente Elegí se ordena como puede. El núcleo duro siguiendo algún plan que se desconoce, y el resto bastante a ciegas. Abocados unos en salvaguardar lo que tienen, otros sólo orejean posibles definiciones para el 22 del mes que viene, lo cual en el contexto descripto, genera una importante sangría y desintegración.
¿Cuánto tiempo faltará para que la mística peronista aparezca? ¿Casi ocho años de atropellos, derrotas y escasa resistencia, no es un número suficiente para abandonar caminos cerrados y recetas estériles? ¿Es tan infranqueable la grieta interna como para conducir, en un posible escenario de tres tercios, el campo nacional y popular de Mendoza otra vez a una derrota? ¿Quién es la persona que va a comenzar a patear puertas y veredas para sacarnos de esta anestesia crónica? ¿Bajará un nombre desde la Nación o se intentará romper el molde, y resolverlo aquí? Seguir intentando lo mismo todo el tiempo, a la luz de los resultados obtenidos, parece una necedad de grandes dimensiones. Pero hasta aquí es lo que se avizora.
Lo concreto es que el tiempo, que parece mucho, ha comenzado una cuenta regresiva. Hasta aquí la aspiración parece puesta en sostener más que en avanzar, en cuidar más que en imponerse, en dilatar más que en definir. Mientras algunos metafísicos melancólicos invocan el espíritu de Mazón y otros algún mágico mapa del delito, los más terrenales esperan que aparezca una carta fuerte, y que de tan bien guardada su aparición haga florecer mil flores en este páramo. Parece ser la hora de dejar de mirarse al ombligo y llevar a la práctica eso de la patria es el otro o mis compañeres son mejores que yo. De lo contrario volverán a devorarnos los de fuera.
Autor: Pablo Ana

