Pequeñas crónicas del mal vivir. Volví a fumar

Cuentan de Alejandro que una vez
Se metió en un río tumultuoso de la India
Todo con barro
Persiguiendo al ejército que peleaba con él
Y que cuando iban en mitad
Los caballos perdieron pie
Aquellas aguas estaban heladas
Y se volvió a sus compañeros y les dijo:
Me cago en la leche
¿Os dais cuenta las cosas que tengo que hacer
para que me tengáis respeto?
Eso pasa poco ahora, eso pasa poco ahora
Antonio Scohotado

Volví a fumar. Tal vez como una nueva forma de evasión, o como una vieja forma de evasión.

Una manera repetida de huir de un sistema, de una forma de vivir que me expulsa.

Un camino al abismo de lo ya conocido.

He caído varias veces por éste barranco. Nunca llegué a matarme. Obvio.

Sin embargo ya enterré varios pasados. O quizá esos pasados enterraron varias partes de mi.

Entonces si he llegado a matarme. Me he matado en cuotas.

Como la muerte del tabaco, cuando se consume de a poco en un papel de combustión lenta.

Un médico me dijo alguna vez que no viviría mucho tiempo.

Y quién soy yo para discutirle a la Ciencia.

Fumar puede ser destructivo pero la destrucción lo es más,

Quiero decir, el tabaco que aspiramos nos quita el aire pero ¿Es sólo eso lo que nos quita el aire?

Tal vez ya no tenemos aire y lo buscamos en el tabaco, en el gimnasio, al correr, o en Instagram, o en una agenda repleta de tareas, de planes, o en la compañía de alguien que alguna vez nos acompañó.

Tabaco, amigos, actividades, familia, trabajo, posteos. Adicciones.

Tengo una vida y debo ser feliz. Porque las personas son felices.

Todos lo saben. La gente es feliz, la sociedad es violenta, los que roban son vagos (como los planeros) y el Rivotril salva vidas (como el cinturón de seguridad).

Sólo un necio podría negarlo.

(Debo dormir ocho horas)