La salud mental. El malestar de las mujeres
El 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción por la salud de las mujeres. Durante la jornada se realizan diferentes acciones que reafirman la idea del derecho a una salud integral. Esto implica atender a la multidimensionalidad y la multideterminación de la salud teniendo en cuenta aspectos biológicos, psicológicos, económicos, culturales y sociales que además contemplen las intersecciones de los diferentes colectivos vulnerabilizados por etnia, raza, clase, orientación sexual, identidad o expresión de género.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el concepto de salud no solo como la ausencia de enfermedades sino como la existencia de un bienestar físico, psíquico y social. Es decir, la salud de manera integral se entiende como un equilibrio entre estos tres factores. En este marco, ser mujer es considerado un factor de riesgo cuando hablamos, específicamente, de salud mental.
De acuerdo con la OMS, la depresión es más común en las mujeres (5,1%) que en los hombres (3,6%) y es la causa más importante dentro de la carga de morbilidad femenina, tanto en países de ingresos altos como en los de ingresos bajos. En la actualidad, aproximadamente 73 millones de mujeres adultas padecen depresión mayor. Por otro lado, la depresión postparto afecta al 20% de las mujeres en países de ingresos bajos y medios-bajos. Finalmente, las lesiones autoinfligidas, incluido el suicidio, son la segunda causa de muerte a nivel mundial entre las mujeres de 15 a 29 años de edad.
Una problemática fundamental en relación a la salud mental de las mujeres y las niñas, refiere a la violencia machista de tipo sexual. A nivel mundial, entre el 20 y el 25% de las niñas y entre el 10% y 15% de los niños ha sufrido algún tipo de abuso sexual. Específicamente, las mujeres que han sufrido abuso sexual en la infancia tienen un alto riesgo alto de presentar algún tipo de patología mental en la vida adulta.
Otro tipo de violencia grave es la agresión sexual. Según el Relevamiento de fuentes secundarias de datos sobre violencia sexual del año 2023, realizado por la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres del Ministerio Público Fiscal de la Nación, el 90% de las víctimas de violencia sexual fueron mujeres y el 40% de las agresiones fueron perpetradas contra niñas, niños y adolescentes. El 90% de las personas imputadas tenían identidad masculina. A estos datos se suman los de la violencia (psicológica, física o sexual) sufrida por parte de la pareja de la mujer o la expareja. De acuerdo con el Observatorio de la Casa del Encuentro, de enero a abril de 2024, el lugar más inseguro para una mujer, continúa siendo su hogar, el que comparte con su agresor. El 59% de los femicidios del período se produjo dentro de la vivienda. Las consecuencias de haber sufrido violencia derivan en trastorno de estrés postraumático que convive, en muchos casos, con otros trastornos como depresión, fobia o abuso de sustancias.
Muerto para mí el ritmo de la infancia y de los años de antes, con momentos plenos y tensos en el trabajo; muertos la cabeza y el cuerpo de repente flotantes, abiertos, el descanso. Pero no para él. A la hora de comer, por la noche, el sábado y el domingo, él encuentra un hueco para el relax, lee Le Monde, escucha discos, verifica el talonario, incluso se aburre. El recreo. Yo sólo conocí un tiempo uniformemente repleto de ocupaciones heteróclitas. Clasificar la ropa para la lavandería, un botón que coser en la camisa, cita con el pediatra, no queda azúcar. El inventario, eso que jamás ha emocionado ni hecho reír a nadie. Sísifo subiendo su roca una y otra vez, qué bella imagen, un hombre en una montaña que se recorta contra el cielo; una mujer en la cocina vertiendo trescientas sesenta y cinco veces al año aceite en una sartén, ni bello ni absurdo, simplemente la vida, querida. Lo que pasa es que no te sabes organizar. Organizar, magnífico verbo para uso de mujeres. Todas las revistas rebosan de consejos, ganad tiempo, haced esto y lo otro, como mi suegra (yo en tu lugar, lo haría de este modo para ir más rápido), en fin cosas todas para liquidar el mayor número de tareas posible en el menor tiempo posible y sin dolor ni bajón, porque eso molestaría a los de alrededor (Ernaux, 1981).
“La mujer helada” de Annie Ernaux dice del malestar histórico de las mujeres. Sabemos que la salud mental, y sobre todo la locura femenina, fue construida bajo una visión biologicista, androcéntrica y patriarcal que derivó en desigualdades para las mujeres. La asociación de la enfermedad mental de la mujer con su fisiología hizo que su aparato genital apareciera como el órgano central para explicar salud y enfermedad. Es por esto que la “locura” fue tratada con terapias quirúrgicas centradas en los órganos genitales por siglos.
Ya en el siglo XX, desde el psicoanálisis, se contribuyó a una construcción de la identidad de la mujer a partir de la identidad masculina, atribuyéndosele menor valor social y características generales asociadas al nerviosismo, la pasividad, la intuición, el coqueteo, los cuidados, la docilidad, la vulnerabilidad. La identidad de la mujer quedó reducida a sus órganos genitales y sus respectivas funciones, su capacidad reproductiva y las características asociadas a ella: afecto, abnegación, postergación. De este modo, la salud de las mujeres quedó fijada a partir de su cuerpo y su ciclo reproductivo. Al malestar se le dio, entonces, una explicación hormonal. La consecuencia más grave de este reduccionismo, de base cultural e ideológico, trajo aparejada prescripción de docilidad, psicopatologización, control sobre los cuerpos y medicalización. El dolor y el malestar psicológico fue tratado con psicofármacos sin atender a sus causas reales. El sistema de salud sigue hasta nuestros días reproduciendo microviolencias que refuerzan estereotipos: diagnósticos sin escucha, medicalización por “exceso de emocionalidad” y atención sin perspectiva de género.
Autora: Valeria Hasan

