Feminismos y resistencias en el sur. Debates comunitarios e indígenas en América Latina. Acerca de un tejido que traduce y resiste

Feminismos y resistencias en el sur. Debates comunitarios e indígenas en América Latina formaparte de la serie Manifesta que el mismo libro funda. Integra la colección ‘A Contrapelo’ de la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (EDIUNC), centrada en el rescate y la investigación de las luchas sociales, los movimientos políticos, las prácticas y las producciones de sujetos subalternos y sectores socialmente oprimidos. Es un libro que sistematiza múltiples recorridos de investigación y de intervención a lo largo de los años, financiados tanto por la UNCUYO como por el CONICET.

Entrevistamos a Mariana Alvarado y Victoria Martínez Espínola quienes escribieron en 2023 este libro necesario y urgente.

Por Valeria Hasan

Gentileza de Valentina Martínez

De izquierda a derecha, Constanza Bonet, se ocupó de la corrección y edición; Mariana Alvarado y Victoria Martínez Espínola, las autoras; Leandro Vallejos, diseñó la tapa.

VH- ¿Cómo llegan a escribir juntas este libro? ¿cómo es la experiencia de escribir juntas?

VME- La experiencia de escribir juntas ha sido como tejer, literalmente. Tejer con ideas y palabras, claro. De hecho, la palabra texto tiene el mismo origen etimológico que textil, vienen del latín, de la palabra textus que significa trama o tejido. Este texto lo empezamos a escribir casi en paralelo a una experiencia de extensión universitaria que desarrollamos con Mariana y con otras compañeras de la Universidad nacional de Cuyo, que fue un proyecto con el Ayllu de Guaymallén, una organización de mujeres migrantes bolivianas que reivindican y enseñan la práctica ancestral del hilado y el tejido. Ellas nos contaron sobre el proceso de aprender a tejer, algo que se aprende desde temprana edad, observando, a veces también jugando. En esa misma charla, una de las mujeres tejedoras contó que su mamá le pedía ayuda para armar el telar, que es un proceso en el que hay que tramar los hilos, que se necesita rapidez y concentración para ‘tirar, tirar y tirar’ la lana. Y que hay personas con las que eso fluye muy bien. Eso nos pasó en la escritura de este libro, pues con Marian fuimos tirando y tirando de algunas ideas, tensando, anudando, en definitiva, tramando y tejiendo esas ideas. Volviendo a la metáfora del tejido, es un proceso que viene de mucho tiempo antes. Cada una venía de haber leído y escrito durante muchos años sobre los mismos temas y el encuentro dio la posibilidad de entretramar esos hilos que cada una traía.

VH- ¿Cómo llegan dos investigadoras argentinas a escribir un libro sobre feminismos y resistencias en el sur? ¿a qué llaman sur en sus recorridos teóricos y epistemológicos?

MA- Son varios los motivos que nos provocan estas preguntas. Por un lado, la inquietud que nos ata a ciertos términos: mujeres del tercer mundo, mujeres de América Latina, mujeres latinoamericanas, pensadoras de Nuestra América, de Abya Yala y que en los últimos años hemos podido situar en los feminismos del sur. Especialmente en los feminismos indígenas y comunitarios en correspon-habilidad con algunas mujeres y sus producciones del/en/para el Sur, por la forma en que esa palabra se modula y las redes en las que se articula. “Sur” emerge como un término geopolítico que se materializa en cuerpos concretos, en sujetas situadas y en contexto pero también, en posiciones desde donde se asumen puntos de vista. Son términos coalicionales que complejizan la trama epistémica, ética y política en tanto rompen con el sujeto Mujer, como un universal que nombra a todas las mujeres, para singularizarlo, sobre todo porque visibiliza un punto de vista y un locus de enunciación colectivo que hace comunidad en la posibilidad de invertir la lógica que sostuvo la hegemonía colonial, patriarcal, capitalista, extractivista.

El Ayllu de Guaymallén, organizado de acuerdo con la cosmovisión andina, es el lugar desde el cual un grupo de mujeres, plantean su identidad a través de prácticas de resistencia expresada en la preservación de saberes y técnicas ancestrales. En diálogo con las doñitas y en contacto con sus saberes emerge un término coalicional “mujeres indígenas bolivianas migrantes trabajadoras” que da cuenta de la interseccionalidad de diversos sistemas de opresión: de género, de clase, de raza, de origen. Ese es el contexto de producción de la escritura de este libro escrito, entre otros motivos, con la pretensión de visibilizar, evidenciar e interpelar respecto de las distancias y continuidades con el feminismo blanco del norte.

VH- ¿Por qué escriben este libro?

VME- El libro responde a la intuición de una demanda de sistematización de distintas áreas del saber, como los estudios decoloniales, poscoloniales, el pensamiento latinoamericano, el pensamiento indígena, atravesadas por el eje de los feminismos. Quisimos que sea un texto que introduzca los debates que los feminismos del sur han propiciado en esas áreas del saber.

MA- Además, lo pensamos como un llamado a reflexionar críticamente sobre el sistema sexo/género impuesto por la episteme moderna colonial capitalista patriarcal. Quisimos visibilizar los patrones de dominación que son imperceptibles e intraducibles a los conceptos del feminismo académico y que de ningún modo operan en las cosmovisiones ancestrales.

VH- ¿En quiénes pensaron como lectores y lectoras ideales?

MA- El libro está destinado a estudiantes avanzados de carreras de grado, especializaciones, maestrías o doctorados que se encuentren elaborando sus planes de trabajo, implementando proyectos de investigación o escribiendo sus tesis. También se dirige a docentes de grado en humanidades y ciencias sociales que se dispongan a incorporar debates actuales en torno a los feminismos del sur o bien de posgrado. La idea es que sea una herramienta para orientar o incentivar espacios de construcción de conocimiento, que puedan revisar sus propias experiencias pedagógicas.

VH- ¿Ustedes hablan en el libro de prácticas de traducción, de manifiesto y de resistencias ¿Qué entienden por cada una de ellas?

MA- La memoria ancestral se transmite, se expresa y se comparte a través de historias, mitos, cánticos, creencias, celebraciones. Esta memoria se conserva en la transmisión oral entre sujetas de experiencias que nos cuentan de prácticas de resistencia frente/ante la matriz moderna occidental colonial imperialista patriarcal. En esa trama son imprescindibles las prácticas de traducción; este texto haría puente entre una y otra. Acerca posiciones, puntos de vista, locus de enunciación de otros lares a la academia. Es un intento de que ciertas prácticas teóricas que ligan cuerpo-tierra y mujeres-territorio, como prácticas de resistencia, resuenen en ámbitos en los que no emergen pero para los que se vuelven imprescindibles para habilitar otros futuros posibles, otros mundos vivibles.  La lucha acuerpada por la defensa de la tierra y los territorios emerge y se expresa en la recuperación, defensa y sanación del territorio-cuerpo-tierra; en espacios de coordinación regional, en redes de defensa de los ecosistemas, en las guardianas de las semillas, tendiendo puentes interclasistas e intergeneracionales en prácticas de traducción con pensadoras, investigadoras, becarias, facilitadoras que nos acercamos a estas experiencias abrazando la co-construcción, haciendo comunalidad.

VH- Ustedes hacen una distinción entre subversión e insurrección por parte de los feminismos del sur. Me gustaría que se explayen sobre esos conceptos

VME- Estos términos están interrelacionados. En la subversión y la insurrección radica el gesto profundamente disruptivo de las feministas de la región, decoloniales, comunitarias, indígenas, al fundar una epistemología desde la condición subalterna y en la diferencia colonial como contribuciones para una filosofía latinoamericana con pretensiones de historiar las prácticas de resistencia de las mujeres de Abya Yala.

VH- En el contexto actual de derechas racializadas, extractivismo neoliberal y feminismos como enemigo político; ustedes hacen un llamado a construir comunidad como práctica ¿en qué consiste esta propuesta y cuáles piensan que son sus alcances?

VME- Esa propuesta está muy claramente explicada por las feministas comunitarias. Es de hecho su propuesta política principal. Ellas entienden que comunidades hay de diversos tipos, no sólo en el ámbito rural indígena, que es el modelo de comunidad del que parten, sino todo ámbito que convoque a una grupalidad de personas con intereses afines como la política, el arte, el deporte, la cultura, la educación, la amistad, la identidad sexo-genérica, el activismo, etc. En nuestras preguntas y debates al escribir nos preguntamos muchas veces, ¿y las comunidades que proponen las marcas de algún producto, o las comunidades digitales? El mercado capta, roba, hurta, usurpa no sólo los conceptos sino también las experiencias. Las prácticas para construir comunidad que pensamos van en un sentido liberador del imperativo de consumo y del individualismo. Son prácticas que dan prioridad a la presencialidad de los cuerpos, que nutren la escucha, el diálogo, el decir en múltiples lenguajes, al entendimiento, el encuentro. Son prácticas de resistencia, de manifiesto y de traducción antipatriarcales, antifascistas, anticoloniales, anticapitalistas en el sentido depredador de los vínculos y la afectividad.

MA- Pensamos que se vuelve imperiosa la reconstrucción de una génesis en el inicio de la occidentalización desde una historia otra a la colonial, viril, patriarcal que al mismo tiempo deconstruya esa occidentalidad y subvierta esa historia hegemónica. Esto sólo es posible desde las prácticas de resistencia que hagan audibles otras modernidades diferentes a la occidental dominante que aprendimos. Aparecen entonces otras ontologías relacionales desde los esencialismos estratégicos, los acuerpamientos, las femealogías, la memoria ancestral, la territorialidad histórica, el territorio-tierra y el cuerpo-territorio que permiten ligar el pensamiento feminista, la cuestión de género y la cosmogonía ancestral desde conceptos como entronque patriarcal, convergencia patriarcal, patriarcado colonial, colonialismo patriarcal y el patriarcado ancestral. Se habilitan nuevos interrogantes hacia la historización del patriarcado y la lucha feminista comunitaria antipatriarcal, antirracista, antiespecista y, sobre todo, se resignifican y actualizan prácticas de resistencia como la antifascista.