Este instante de peligro
En las últimas semanas se han conocido nuevos despidos en el ámbito de los medios de comunicación. Las principales perjudicadas son las periodistas dedicadas a temas relacionados con derechos, género y una perspectiva crítica. Esto se suma al retroceso en el tratamiento de la cobertura de noticias relacionadas con temas de género. ¿Qué hacer en este instante de peligro donde todo lo que sembramos parece ser arrasado? Están como sedimento los espacios que hemos construido.
Estos días pasados han sido días de encuentros, días de grupos, días que (no) azarosamente se han sentido como de refugio ante la inclemencia. Empecé la semana participando de un seminario con mujeres de Latinoamérica y El Caribe, todas provenientes del ámbito de la comunicación, docentes, investigadoras, periodistas. En ese clima de conocernos y saber de los recorridos diferenciales de cada una, en el primer encuentro nomás, quedó claro que no es tan evidente para la mayoría cuánto nuestras trayectorias vitales interrumpen y tuercen las trayectorias laborales y profesionales. Si para quienes somos feministas y transitamos la vida haciendo del feminismo una práctica política diaria, ya no es una sorpresa que maternidad, embarazos o tareas de cuidado van anudando elecciones y recorridos; en cambio para otras muchas, estas marcas de la biografía aparecen como puntos ciegos que solamente a veces son enfocados y pueden arrojar luz acerca de virajes, decisiones no esperadas, obstrucciones, detenimientos, finales.
La teoría feminista ha llamado techo de cristal y piso pegajoso a esos obstáculos que nos van impidiendo llegar a tiempo donde queremos llegar en el ámbito laboral y de la forma que queremos hacerlo. Esto se traduce en algunas cifras que ya conocemos: sólo el 30% de las personas que trabajan en empresas periodísticas son mujeres. Sólo el 22% de las empresas de medios está dirigida por mujeres y son mujeres la mayoría entre quienes trabajan a tiempo parcial en los medios. Los varones, en cambio, mayoritariamente lo hacen en relación de dependencia y con carga horaria full time. Además, es muy clara la segregación horizontal de género hacia dentro de los medios. Esto quiere decir que hay preponderancia masculina en áreas técnicas y femenina en administración y limpieza. En relación a los roles de género y la distribución en el tratamiento de temas, los considerados “duros” o serios como política, economía, energía están mayoritariamente a cargo de varones y los “blandos” o menos importantes como sociedad, espectáculos, información general, a cargo de mujeres. Un informe muy reciente de la WACC (Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana), señala que actualmente es tan improbable que las noticias desafíen los estereotipos de género como lo era hace 15 años. Entre siete y nueve de cada diez historias de acoso sexual, violación, distintas formas de violencia de género y cuestiones de desigualdad de género, refuerzan o no hacen nada para desafiar los estereotipos. Estos datos se corresponden con el relevo que la ONG realizó en 2022, cuando la pandemia había hecho retroceder en el tratamiento de las noticias por motivos de género y las redacciones de los medios entendían que la nueva época no se correspondía ya con las demandas feministas como cinco años antes. Un escenario de capitalismo exacerbado se instalaba y los discursos de odio empezaban a predominar en redes y comentarios de foristas y lectores.
En nuestro país, la nueva gestión en el gobierno nacional implicó muchos pasos para atrás en lo que refiere a derechos para las mujeres y las identidades feminizadas. El tratamiento de representaciones de feministas y colectivos de la diversidad sexual en los medios también se modificó y las coberturas de noticias de género no encuentran en los medios de gran llegada eco ni desarrollo adecuado salvo honrosas excepciones. Sólo queda periodismo feminista por fuera de las grandes ligas, con fidelización de audiencias y lectorado y siempre amenazado por la censura y las violencias simbólicas, mediáticas y también materiales (físicas) a medida que el clima político se vuelve más hostil.
Según datos de FOPEA (Foro de Periodismo Argentino), en el primer semestre de este año, 1031 personas se quedaron sin trabajo en el ámbito del periodismo. El 17 de agosto, la Defensoría del Público fue intervenida por 180 días en una acción que podría ser la última antes de terminar de desguazar la política más importante que hemos tenido en materia de derechos de las audiencias en los últimos 15 años y una aliada para la desnaturalización de la violencia mediática.

El viernes 23 de agosto echaron a la editora de género de los medios públicos de Chaco. De las once editoras de género que había a nivel nacional, este número asciende actualmente a cinco, la mayoría de las cuales ha quedado restringida a columnas de opinión en espacios laterales sin peso real o reemplazadas por editoras (no de género) que no cumplen las amplias tareas de capacitación, formación, transversalidad de género en los contenidos que la figura original llevaba adelante.
También han sido limitados los contenidos de género en general (columnas especiales de sexualidades, educación sexual integral, economía y género, salud y género, etc). Bajo el argumento de la reducción de horas de contenidos propios, los medios públicos de las provincias levantaron del aire esos espacios y cerraron el micrófono a voces críticas que traían información especializada.
Es importante decir que no todo sucede al aire. Las violencias se reproducen al micrófono y fuera de él. Este clima de recrudecimiento de la persecución al pensamiento disidente se traduce en crispación cotidiana en las redacciones y los pasillos de los medios de comunicación. Las periodistas relatan diferentes experiencias vividas en el último tiempo: desde respuestas agresivas o burlonas por parte de sus colegas, actitudes de superioridad de pares que tanto pueden ser socarrones como someter a prácticas de silencio o arrancar de las paredes los carteles que indican «espacio libre de machismo». En todas las situaciones relatadas los protagonistas son varones, compañeros de trabajo.
¿Qué hacer en este instante de peligro, esa figura de Benjamin que nos encandila y nos conmociona? Este instante donde todo lo que sembramos parece ser arrasado, incluso por algunos que estuvieron a nuestro lado. Parece que siempre estamos empezando de nuevo, que nada ha quedado para la próxima cosecha. Sin embargo, como sedimento, están hoy como combustible para encender la chispa (otra vez Benjamin) los espacios que hemos construido y están de pie. Están las mujeres de la comunicación de América Latina y El Caribe que se encuentran y se escuchan en sus experiencias. Están las periodistas de los medios públicos y las editoras de género que se sostienen, se relatan y se expresan públicamente. Están las redes y colectivas de periodistas y comunicadoras, rompiendo el silencio contra abusos, privilegios y violencias. Están las periodistas feministas y sus medios resistentes. Estamos nosotras, las feministas, las que estuvimos antes y seguimos estando, hasta terminar la tarea.
Autora: Valeria Hasan

