Buscando el libro no escrito o rascando el fondo de la biblioteca

Sea desde Borges y su biblioteca de Babilonia, desde las bibliotecas de la academia o, desde
la Universidad de la Vida –como decía Tita Merello- la búsqueda de las claves del Buen Vivir
en comunidad han sido siempre motivo de conflicto tanto desde que los grupos humanos
institucionalizaron algún tipo de organización, como al interior de las conciencias de los
andantes.

Sin dejar de mencionar el lema bíblico “Para que tengan vida en abundancia” asumida por la
Doctrina Social de la Igliesia por vía de Juan XXIII que introducía el lema con la categoría de
“Desarrollo Integral” en Mater et Magistra, desarrollada posteriormente por Pablo VI en
Populorum Progressio y Juan Pablo II en Sollicitudo rei Sociali y últimamente por Francisco en
Laudato Si.

El historiador israelí Yubal Noah Harari, sostiene que la diferencia del sapiens con el resto de
los humanos (fueron al menos 6 especies –las descubiertas hasta hoy-) y con otras especies
animales, no es el pulgar opuesto a la palma de la mano, tampoco su conciencia de sí mismo,
sino la posibilidad de imaginar lo que no existe, a condición –agrego yo- de utilizar una
capacidad inmanente del sapiens: la voluntad.

De la voluntad ilustrada que alumbró la utopía kantiana que concebía la idea de una comunidad
ética universal más allá del Estado Moderno y del ideario de progreso liberal, enancados –
ambos- en la razón como herramienta, sólo ha quedado la Razón Instrumental que disputa el
poder como forma de sobrevivencia individual que, en el caso de los dueños del capital –
financiero, para colmo de males- será para realizar alguna de las distopías de ficción de
Hollywood, imaginando que al final podrán abandonar el planeta que dejarán arrasado.

En este contexto los actores de los distintos sistemas sociales demuestran una total falta de
esa voluntad. Hay bibliotecas varias sobre causas y motivos. Nada nuevo, ya ha sido analizada
la fuerza de los paradigmas, es decir, la lógica imperante en los sistemas que se realimenta
como condición de posibilidad de su propia existencia.

Sin embargo, a pesar de las estructuras, la evolución hace su trabajo sin prisa, pero sin pausa
y hace un tiempo ya que las ciencias sociales discuten sobre un “cambio antropológico”
(anthropos = hombre, logía – logos = estudio) discusión que –creo yo- debería empezar por su
propio nombre habida cuenta que el sustantivo “hombre” deja afuera a la mitad de la
humanidad: las mujeres.

Esta problemática se hace visible desde la última mitad del siglo pasado ante la importancia
que cobran las nuevas tendencias en diversos aspectos de los sentidos socialmente
generalizados.

Cambios en las conductas de búsqueda espiritual y modelos de vida por fuera de las grandes
religiones y los preceptos del liberalismo-capitalismo principalmente en occidente:

– Movimiento Hippie; New Ages; Don Juan (Juan Carlos Castaneda); Chamanismo, Biodanza –
Rolando Toro- Método Waldorf de educación, etc., etc., por mencionar algunos de los más
conocidos.
– Cambios de una confesión a otra.
– Cambios en el concepto de familia: caída en desuso de las normas institucionales (el
matrimonio con legitimación religiosa o no), familias ensambladas, familias monoparentales.
– Cambios en los modos, costumbres y dieta en la alimentación.
– Cambios en la conceptualización de la sexualidad.
– Exacerbación de la individuación.

Desde –aproximadamente- la mitad del siglo pasado la puesta en cuestión de los conceptos
que se tenían como absolutos ha venido macerando esas transformaciones impulsadas
fundamentalmente por los adelantos en el conocimiento científico.

En ese contexto asistimos azorados, como envueltos en el sopor de un sueño del que no
podemos despertar del todo, a la vocinglería incomprensible de nuestra Babel criolla: el
Congreso Nacional, enmarcada en las imágenes que nos brinda la TV de lo que podrían ser
obras envidiadas por Marta Minujin, salidas de la desquiciada mente de la Ministra de
Seguridad de un desquiciado Poder Ejecutivo de la Nación, que imagina las calles de la CABA
y del país pintadas de verde militar y azul noche policíaco.

De qué se trataría esta “voluntad” que se reclama, principalmente al sistema político que
creemos es el movilizador de las condiciones de posibilidad del buen vivir en el contexto de la
complejidad que describimos. Cuando aludimos a la posibilidad de imaginar lo que no existe
no nos referimos a la creación de nuevas deidades, sino –más humildemente- a imaginar otro
funcionamiento –hoy impensado- de lo organizado institucionalmente.

Este reclamo supone una deconstrucción metodológica de la construcción –valga la aparente
contradicción del juego de palabras- de decisiones que deben tender a conseguir “decisiones
sociales colectivas vinculantes”, que no es otra cosa, su función. No confundir con Rosca
Política que solo consensua al interior del sistema político.

Este esfuerzo presupone empezar por el propio lenguaje y la comprensión de lo lenguajeado
por los distintos sectores sociales. Es decir, cantar y también comprender las nuevas
canciones (Axel Kicillof dixit). Ergo comprender el “buen vivir” en términos actuales para los
andantes.

En términos de la cultura peronista, como imaginario principal de lo que llamamos movimiento
nacional, esto supone un esfuerzo importante a la vez que imperioso toda vez que socialmente
siempre ha cumplido la función de ofrecer a la sociedad argentina un modelo que –justamente- garantice el Buen Vivir.

En consecuencia, la discusión doctrinaria sobre el peronismo se ha vuelto –como dicen los
abogados- “abstracta” si no se tiene en claro lo que políticamente se ofrece como alternativa
a la sociedad en términos de organización social que mejore las condiciones de vida.

Pero, además, el peronismo hoy es un conglomerado de partidos políticos (PJ, Patria Grande,
Parte, Frente Renovador y otros) y de organizaciones sociales que se disputan la identidad a
partir de imaginarios no especificados suficientemente para los oídos de los de a pie y el
recitado de los escritos y discursos históricos de su fundador a modo de herramienta
legitimadora.

De fondo sobrevuela una pregunta esencial: ¿Ese conglomerado que se auto-designa
peronista puede elaborar una alternativa de orden social como se explicitó en “La Comunidad
Organizada?

Postulo que es imposible sin atender a las condiciones de posibilidad de ello: establecer las
diferencias necesarias –en todos los escenarios- con los otros modelos en puja por el mismo
objetivo, que además funcione como aglutinador del movimiento nacional más allá de las
coyunturas electorales y de los apellidos.

Autor: Norberto Rosell