Bufones de vendimia (y otros cantos a la bajeza)

“Vuelve el programa político más influyente de Mendoza”, advertía durante esta semana la publicidad de Canal 7. El programa en cuestión es un detalle accesorio para estas líneas. Aunque, cabe destacarlo, en la primera emisión de este nuevo ciclo, Omar De Marchi se hizo un festín ante el conductor que sólo pudo demostrar su vasta ignorancia en varios temas. Pero la referencia a este programa decíamos, es un detalle accesorio. Sirve apenas para introducirnos en lo que creemos ha sido un tema transversal de la semana. La intrusión del periodismo en la agenda política, y/o de la política en el periodismo. Lo de siempre pero en este caso con algunas situaciones resonantes.

La semana pasada destacamos lo sucedido en Rosario, la amenaza a Messi y la amplia repercusión mediática que tuvo. Tanta repercusión, como era previsible, desencadenó una respuesta desde la política que terminó con la intervención de fuerzas nacionales. Una medida cuyas consecuencias son imposibles de analizar por el momento pero que evidencian el peso de la opinión pública, o publicada, en la agenda política. Sí sabemos que gobernar para la opinión pública, o publicada, gobernar para las encuestas, puede ser una camino de ida. Todo depende, en gran medida, de quien conduzca un proceso de estas características. Aún así, como ya ha sido observado en amplia bibliografía, el retroceso de la política está marcado por el avance de las encuestas.

Otro caso de la semana que marca la intrusión del periodismo o del sistema mediático en la agenda política, es el supuesto off en el que el presidente habría afirmado que su triunfo lograría acabar con 20 años de kirchnerismo. El ruido generalizado que implicó la difusión de ese off no hizo más que aportar un poco más de barro al lodazal en el que está inmerso el campo nacional y popular. Voy a citar al mismísimo Durán Barba diciendo algo que casi todos sabemos ya: ‘Los ciudadanos no leen textos largos. Reciben y emiten decenas de mensajes todos los días, compuestos en gran parte por imágenes, dibujos, memes o música. Los seleccionan, los transforman y los reenvían cuando les parecen interesantes o divertidos.» Que el presidente declare que su triunfo acabaría con los 20 años del kirchnerismo, que un periodista divulgue ese off, todo parece encajar a la perfección con esos ciudadanos dispuestos a no complejizar y a entregarse a los reenvíos masivos. Por otra parte, si el presidente realmente dijo lo que dicen que dijo, muestra una falta de comprensión mayúscula del escenario en el que se encuentra, que a decir verdad sorprendería bastante poco. 

El tercer caso en el que se evidencia la intrusión del periodismo en la vida política, y/o la connivencia del poder político con el periodismo, es el affaire de los periodistas invitados por Cornejo a la fiesta nacional de la elección de la reina. A decir verdad, es una noticia pintoresca por los nombres y la procedencia de los protagonistas, y sirve para poner sobre la superficie lo que los ciudadanos distraídos de los que habla Durán Barba prefieren no ver. Es un secreto a VOCES (con mayúscula) que en el feudo de Cornejo el periodismo (y no solo el periodismo) está domesticado con dineros públicos que en el caso del periodismo se traducen en pauta publicitaria. Lo concreto es que mientras los artistas de vendimia, entusiasmados por vivir la gran noche del año, recibían comida chatarra y en algunos casos en mal estado, los periodistas invitados por Cornejo viajaban en avión, se alojaban en lujosos hoteles y disfrutaban de suculentos menús en bodegas. La frutilla del postre: aunque fueron enviados para cubrir la fiesta de la vendimia terminaron haciendo notas sobre la candidatura de Patricia Bullrich. Buenos, cosas que pasan.

El cuarto ejemplo de la mezcla deleznable entre política y medios (o, digámoslo más ampliamente, política y poderes fácticos) es ya un clásico de Mendoza: la vendimia solidaria. Volvemos al inicio de estas líneas, cuando nos referíamos a canal 7, para entregarle el cuadro de honor de la jornada dominical a Vila y Manzano ¿Los recuerdan? Son los dueños, entre otras empresas, del Grupo Uno, del Grupo América y de Edenor. Daniel Vila es quien afirmó en el año 2009 que la ley de servicios de comunicación audiovisual, presentada por Cristina Fernandez de Kirchner, tenía (cito) “una gravedad institucional y jurídica sólo comparable con el golpe de Estado de marzo del 76”. Este mismo señor, otro de los dueños de la provincia (¿En la batalla final quién se quedará con Mendoza, Cornejo o Vila?) recibe cada año, y de acuerdo a cómo soplan los vientos, a políticos, periodistas y otros personajes decorativos en su mansión de San Isidro. Desde ahí se da el lujo de vender solidaridad, blanquear su imagen y seguir tejiendo su trama de poder. 

¿Resulta muy complejo comprender este juego? ¡Lo dicen a los gritos! “Vuelve el programa político más influyente de Mendoza” ¿Alguien bien pensante puede creer que lo que sucede en ese programa es neutral y objetivo? ¿Alguien bien pensante puede creer que lo que sucede en ese programa, y en otros, lo que sucede con el periodismo domesticado, no está digitado, implícita o explícitamente por factores que exceden a los mismos periodistas? ¿Alguien puede creer que los políticos son ajenos al juego de los dueños de los medios? En tanto no marquemos con intensidad que la buena política es la que no va al pie de los poderes fácticos, y que el buen periodismo es el que expresa con claridad el lugar desde el que habla, seguiremos viviendo en este como si. Hacemos como si el periodismo fuera el fiscal del pueblo, cuando en realidad es el aliado o el opositor del gobierno. Y hacemos como si la política gobierna sin ampararse o beligerar con los medios (y con los poderes fácticos). Es todo muy evidente.

La única verdad, dijo alguien que no recuerdo, es la realidad. Y Omar De Marchi la puso blanco sobre negro el pasado miércoles: los gobiernos de Cornejo y Suarez construyeron 26 escuelas, los gobiernos de Jaque y Pérez 180 escuelas. El que quiera oir que oiga.

Autor: Pablo Ana