Bitácora de un coso: en el día del músique
Escribo esto el 23 de enero del 2024. Una amiga muy querida me recordó tempranito que hoy se conmemora a esa horda ruidosa de pecho inflado: los músicos y músicas de Argentina. Seguro que ya lo sabés, pero en caso de que no, te cuento que la fecha se instituyó en homenaje al Flaco Spinetta, cuya obra, como la de Astor Piazzolla, Mercedes Sosa, Charly García, María Elena Walsh, Carlos Gardel, y tantos otros y otras, de alguna manera se ganó su propia estrella en el cielo de los colores invisibles que nos entran por los oídos y con los que pintamos nuestro mundo interno (si clickeás en cada artista, vas a ir directo a mi canción favorita de cada quién).
Justamente por estos días, en que el aire pica en la garganta y los bolsillos, y las esquinas se vuelven tentadoras para gritar descontentos y esperanzas, nos hemos encontrado más de una vez a sumar y regalar nuestro bochinche en las calles, algunos con ideas muy claras y otros con ideas no tan definidas, pero todos con intenciones igualmente nítidas.
Mañana, 24 de enero del 2024, acontecerá un paro nacional con incontables adhesiones que además tiene la medallita de ser el más rápido en organizarse a una nueva gestión de gobierno en la historia de nuestro país. No sé que siento frente a la magnitud de ese récord, pero si se esto: Hoy existe algo llamado INAMU, es nuestro Instituto Nacional de la Música y, en experiencia del autor de esta bitácora y de muchos y muchas colegas, ha sido uno de los organismos y espacios de gestión del arte musical argentino más fértiles y empoderantes desde su fundación en el año 2012. Su posible desfinanciamiento como consecuencia de la Ley ómnibus que hoy se discute en nuestro país (y a raíz del cual en parte acontecerá el paro de mañana) vuelve a traer sobre la mesa un par de temas que nunca deberíamos descuidar ni dar por sentados:
- Las artes siempre parecen ser lujos, hasta que se pierden los espacios donde disfrutarlas o formarse, y desde los cuales potenciar las ideas nuevas, entonces su falta se hace evidente, y aflora su valor colectivo de servir como válvulas de escape, herramientas de gestión de emociones y espacios de construcción de ciudadanía.
- El desarrollo y democratización de la vida cultural no tiene asignado un presupuesto propio dentro de los fondos públicos, pues es compartido por Educación, entendiéndose que esta última tiene prioridad, por lo que cualquier golpe a los ya escasos presupuestos implica, básicamente, que en caso de ajuste se financiarán solo aquellas propuestas que conlleven una ganancia segura e inmediata (festivales tradicionales o multitudinarios, productos audiovisuales de consumo masivo, etc.) llenando así las góndolas año tras año con los mismos productos artísticos hegemónicos que dejan poco espacio y posibilidad de trascendencia a voces que puedan traer novedad, construcción de nuevos discursos y/o disrupción, mecanismos que son vitales para mantener joven y activa la vida cultural.
No se me malinterprete, plis: no tengo nada contra esos festivales cuya función social está más que corroborada y probada (Cosquín, Vendimia, Jesús María, Fiesta del Sol, etc.) pero es precisamente porque su lugar ya está asegurado en el calendario y por ende en la lista de beneficiarios de posibles fomentos de los presupuestos nacional y provinciales, que se me hace evidente que desfinanciar aquellos entes que se dedican al laburo de campo y territorial, y a apostar por ideas nuevas sea cual sea su escala y o trascendencia inmediata, es en cierta manera, darle un tiro en la sien a un porcentaje gigante de la vida cultural cotidiana
No se si me he podido explicar bien, y entiendo que esta entrega de mi bitácora se siente más a tierra, menos liviana. Pero lo cierto es que, contrariamente a ciertas creencias que llevo 20 años de oficio intentando refutar, los golpes en la macroestructura social, política y económica de nuestro país SI inciden de manera profunda y contundente en la realidad de quienes hacemos del arte nuestra fuente de ingresos y de lazo social. Hasta diría que incide de manera más rápida en algunos casos, dado que, sincerémonos, el arte no está ni cerca de ser considerado un producto de consumo vital y/o primario.
Bueno, ya me saqué de las tripas este montón de palabras. Gracias por leerme, te juro que lo necesitaba mucho. Si mañana salís a la calle, lleva tu DNI, pañuelo, tarjeta de transporte cargada, celu con batería, agua, y no andes solit@ plis y como siempre, te extiendo mi invitación:
Te invito a abrazar el absurdo de lo humano, a pifiarla y experimentar vergüenza, a permitirte hacer algo de lo cual no tenés la menor idea, a reírnos de lo poco importantes y lo inmensamente maravillosos que somos, a aprender maneras novedosas de surcar el oleaje de la vida adulta con la tabla de surf de la creatividad.
Autor Marcos Babar

