Agresiones contra una trabajadora

Las condiciones de explotación ocultas tras el episodio de violencia explícita.

En la pretendida ciudad cosmopolita del oeste argentino, ocurren hechos de violencia que nos permiten ilustrar las condiciones de explotación laboral a la que se ven sometidos las/os jóvenes en los distintos rubros “dinámicos” de la economía de este “feudo” que gobierna la versión local de la derecha argentina. Por alevoso e indignante, el repudiable ataque a la joven trabajadora ha sido cubierto por la red mediática local a pesar de que ha ocurrido en uno de los “iconos” de un proyecto político de urbanización que pretende que la ciudad sea conocida por su pulcritud y armonía y, por lo tanto, responde con celeridad represiva ante trastornos a la pacífica convivencia de sus virtuosos ciudadanos. Parece que la celeridad no estuvo presente en este caso de agresión a la trabajadora por parte de las fuerzas de seguridad dado que, según su testimonio, las mismas habían sido alertadas por sus compañeros de trabajo antes de que ocurriera el incidente.Dejando de lado por un momento la calificación judicial de la agresión que es esperable sea lo más rigurosa posible con el agresor y su cómplice, el hecho permite mostrar otros elementos y particularidades que no aparecen en las coberturas mediáticas locales siempre tan propensas a destacar los logros y bondades de la coalición gobernante vernácula y de la clase dominante mendocina.

La pregunta que debería surgir de inmediato es, ¿estaba la trabajadora inserta en una relación de trabajo formal con el propietario del negocio gastronómico? Resulta importante enfatizar la utilización del concepto “trabajo formal” para referirse a una relación laboral que se encuentra funcionando en el marco de las regulaciones legales vigentes y dejar de utilizar el “blanco” y el “negro” como adjetivos calificativos positivos y negativos correspondientemente. Si bien se han usado desde hace mucho tiempo, remiten a valoraciones morales que deberían ser superadas dado que utilizan el “negro” como calificativo negativo  e indicador de ausencia de legalidad. Si la ausencia de legalidad – o formalidad – en la relación laboral fuera lo que ocurre en el incidente con la trabajadora gastronómica, estaríamos en presencia de una cruda manifestación de la cuestión social en las formas actuales del mercado de trabajo en esta fase del capitalismo. Es decir, el sector de los servicios obtiene ventajas de contratación informal en el marco de una alta tasa de desempleo y subempleo en los sectores juveniles que los obliga a aceptar trabajos informales que entonces son, intrínsecamente, desregulados: largas jornadas bajo dudosas condiciones de trabajo; escasa presencia y aleatoriedad de los descansos semanales; y, casi regularmente, pago a “destajo” (por día o semana) que habilita al “empleador” a prescindir de el/la trabajador/a ante el menor atisbo de pérdida de su rentabilidad empresaria.

Frente a un estado impotente que ha resignado, por decisión u incapacidad, sus funciones de control del trabajo informal y en las condiciones que presenta el mercado de trabajo ya planteadas, el sector patronal aprovecha la necesidad de inserción que tienen las/os jóvenes, se desentiende de relaciones laborales formales e incrementa su tasa de ganancia. ¿Habría evitado el repudiable incidente el hecho que la joven trabajadora hubiera estado desempeñándose en condiciones formales? Obviamente no, pero las respuestas de las diferentes acciones e instituciones de la seguridad social que se encuentran asociadas a condiciones de trabajo formales se habrían hecho “presentes”. Es decir, un hecho claramente calificable como “accidente laboral” habría dado paso a las acciones de la correspondiente ART que debería tener contratada el empleador lo que le garantizaría a la trabajadora el derecho al acceso a la correspondiente atención médica y, algo impensado para quienes se desempeñan en el mundo informal del trabajo, no dejaría de cobrar su salario durante el tiempo de su convalecencia. Claro, si el caso fuera que la joven trabajadora no se encuentra registrada, entonces no percibía un salario sino una paga diaria, semanal o quincenal y, lamentablemente, no va a contar con ingresos durante el periodo de su recuperación fisica.

Estas condiciones laborales que se han “normalizado” para una gran mayoría de las/os jóvenes de nuestra provincia y país deben ser visibilizadas cuando discutimos sobre el modelo de acumulación vigente y sus perspectivas futuras. Es imprescindible e ineludible disputar los discursos hegemónicos de las clases empresariales y sus correspondientes actores políticos cooptados que pregonan las supuestas bondades de la flexibilización y precarización laboral. No hacen más que ocultar sus exorbitantes ganancias bajo la excusa del supuesto “costo laboral” argentino. En el fondo lo que quieren, y ya muchos no ocultan, son condiciones laborales del siglo XIX con ganancias del siglo XXI. Las y los jóvenes de nuestra provincia pueden dar testimonio de vida de estas condiciones de explotación.

Autor: Juan Carlos Aguiló